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Barrio Querido, La Reformita

Orgullo de mi barrio

Escritores, escultores y artístas han puesto en alto el nombre del barrio La Reformita
 
 

Ciudad de Guatemala, 01 de febrero de 2006/ El Barrio La Reformita, además de tener una rica historia fundacional, posee un tesoro más grande: su gente talentosa. Allí encontramos artistas plásticos, escultores y escritores como los siguientes.



Mauro Osorio (Artista plástico, Guatemala, 1960)

 

Artista plástico autodidacta, cuyo trabajo artístico se realiza indistintamente en la abstracción y la figuración. Desde 1984 ha ilustrado revistas culturales y sus dibujos han aparecido en la portada de libros de ensayo, narrativa y poesía. Ha publicado el libro de poemas “Variaciones en torno a un cadáver” (2005).

 

Memorias de un barrio
por Mauro Osorio

 

El Barrio de La Reformita constituye uno de mis más lejanos recuerdos de niño. Se me filtra en la memoria una casa humilde, a orillas de la calle Real de Petapa, donde la diversión era sentarse a la orilla de la puerta para ver pasar carros. Sé que actualmente todavía sobreviven parte de las casas en que habitábamos un grupo de familias que, como tantas, siempre han dependido del inquilinato para asegurarse un techo.

 

Frente a esta casa, atravesando la calle, había terrenos baldíos en donde jugábamos a las escondidas, entre los árboles. El más abundante recuerdo era el eucalipto. Los domingos era obligada la visita a una lechería, para gozar del privilegio –según decía mi papá– de tomar leche al pie de la vaca... Y así era, caliente y espumosa, condimentada por los que ahora entiendo como entrañables olores de la bosta y el pasto.

 

Después migramos hacia otras zonas: en la 3, vivimos en el barrio El Gallito; en la 7, colonia Landívar; más adelante en la 19, colonia La Florida; después de regreso a la zona 7, y tras el terremoto de febrero del 76, en el asentamiento Bethania, a orillas del Periférico.

 

Durante mi infancia, de1965 hasta 1979, no tuve noticias del barrio.

 

A finales de los setenta conocí a mi novia y actual esposa, quien coincidentemente había crecido en La Reformita, hija de una noble indígena de Choacorral, aldea de San Lucas Sacatepéquez, departamento en el que salieron victoriosos los combatientes que fueron beneficiados por Justo Rufino con los terrenos que conformaron el barrio.

 

Esta suma casi mágica de hechos –a mí me encanta pensarlo así– quedaron encadenados a mi vida posterior. Regresé a vivir a La Reformita en 1981, ya más habitada. Los escasos terrenos baldíos fueron invadidos por necesitados que fueron afectados por el terremoto.

 

Me encontré con una Reformita de chorros de agua públicos en las esquinas, de aguas servidas a flor de tierra, de mercado bullicioso comerciando a su propio ritmo, de calles mitad tierra, mitad monte; de barros aprisionantes en el invierno, de tiendecitas de dulces en frasco y velas blancas colgando, de humilde iglesia franciscana, vuelta a veces sala de cine; de orgullosa intermediaria entre El Trébol y la Universidad , a donde se llegaba atravesando la 7ª avenida con su castigada cinta asfáltica.

 

En 1984 me casé, casi estrenando la nueva iglesia del Inmaculado Corazón de María. En el barrio nacieron mis tres hijos, quienes actualmente se han integrado a su propia dinámica generacional, inmersos en una Reformita plenamente infraestructurada que se afirma en su actual estatus de colonia con perfil comercial.

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