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230 años de fundación de la ciudad de Guatemala

Orgullo de mi barrio

Cantón de La Exposición, zona 4
 
Este sector de la ciudad es surcado por transitadas arterias.


Teresa Arévalo (Ciudad de Guatemala, 1926)

Hija del escritor Rafael Arévalo Martínez. Junto a su padre viajó por Europa y vivió en Washington, donde éste se desempeñaba como embajador de Guatemala.

 

La escritora Teresa Arévalo nació en las calles de La Exposición.

Se inició como escritora con el ensayo Gente menuda (1948), que narra las impresiones y recuerdos juveniles de la autora. A ello le siguieron la novela corta Emilia (1961), con prólogo de su padre, y Evangelina va al campo (1961). También escribió la biografía de Rafael Arévalo Martínez dividida y publicada en dos partes: Biografía de 1884 hasta 1926 (1971) y Biografía de 1926 hasta su muerte en 1975 (1995), donde expresa humildemente que “el único mérito es su sinceridad”.



Su único libro de cuentos es Los bigotes de don Chevero (1968), con amenas anécdotas escritas sin otro propósito que crear singulares personajes para el deleite de sus lectores.

 

Los “shucos” del Liceo



Desde hace casi cuatro décadas, a inmediaciones del Liceo Guatemala y la Cámara de Industria es habitual ver a jóvenes con grandes delantales y un pañuelo apostados en las esquinas, gritando o corriendo. Son los llamados “jaladores” o “piratas”, que invitan a todo el que pasa por allí a saborear un “shuco” –pan con salchicha y otros ingredientes-, en cualquiera de las ventas apostadas en el lugar.



Esta tradición comenzó con Francisco Ramos, quien instaló una carretilla de “hot dogs ejecutivos” a la que bautizó con su apodo, “El Chino”, a la entrada de la iglesia Yurrita, porque la mayoría de sus clientes eran hombres de traje y corbata que trabajaban en el sector.

 

Éstos llegaban atraídos por el precio accesible, la rapidez y los sabrosos pirujos (panes) con aguacate y salchicha, tan diferentes de los tradicionales emparedados. El toque chapín del guacamol se convirtió en el secreto de su éxito. Desde entonces, la esquina de la 10ª. Av. y ruta 7 del Cantón Exposición, zona 4, así como las aledañas, ya no fueron las mismas.

 

Don Francisco, al darse cuenta de que el negocio prosperaba, lo fue extendiendo hacia otros lugares del sector, hasta llegar a la esquina del Liceo Guatemala, donde a la hora de salida de clases, al mediodía, los alumnos se amontonaban para pedir un “shuco”.



Años más tarde, su fundador traspasó la venta a su yerno, Juan Pablo Gómez, y éste a su hijo Elvis Geovany Gómez, su actual administrador y quien refiere que, a su vez, ya está preparando a su hijo, con el fin de mantener la tradición familiar.



El negocio se ha diversificado y desde hace unos 28 años, además de las carretillas se han instalado puestos fijos en locales cerrados con amplio parqueo, uno de ellos propiedad de Emilia Arévalo Juárez, hija del escritor Rafael Arévalo Martínez.



El pan que en sus inicios se compraba, ahora es elaborado por ellos mismos, y hacen entregas a domicilio por un mínimo de 100 unidades, a un precio de Q612. Asimismo, atienden pedidos especiales, y alquilan carretillas para diversos eventos. No trabajan domingos ni días festivos.

 

Ellos conservan la tradición de los famosos “shucos del Liceo”.

Según le contaron a Elvis Gómez, el curioso nombre de estos panes proviene del ingenio popular chapín. Al notar la manipulación poco higiénica de los ingredientes en aquellos primeros tiempos, los guatemaltecos comenzaron a llamarlos “shucos”, vocablo que según el Diccionario de Guatemaltequismos de Sergio Morales Pellecer significa sucio. Su descripción es: En descomposición. Mientras que en la capital esta palabra designa a un pan con salchicha y guacamol. (2002: 105).

 

Los clientes fueron quienes le dieron el nombre a este negocio, pues reemplazaron la voz inglesa “hot-dogs” por “shucos”. Y así como evolucionó su nombre, también la forma de preparación e ingredientes ha cambiado a lo largo de los años y de acuerdo con el gusto del cliente. Ahora se pueden encontrar “shucos” de longaniza, salchicha, salami, chorizo, tocino, mixtos y súper. En este último se combinan cinco embutidos.



Hace unos cinco o seis años llegó la competencia al sector. Aparecieron otras ventas en carretillas y locales fijos, y con ellas los “jaladores” o “piratas”. No obstante, el volumen ha disminuido, indica Daniel Morales, oriundo de Quetzaltenango. De los 1,800 panes que antes vendía a la semana, ahora se ha reducido a 1,100 ó 1,200.



Su “toque” particular es saber conservar el guacamol con bastante limón y hielo, y agregarles chile cobanero. Por eso invita a degustar sus “shucos”, porque asegura que allí son sabrosos, económicos, y el servicio es rápido.

 

Actualmente esta especialidad culinaria ha trascendido las esquinas del sector. Por toda la ciudad se puede ver anuncios, en autobuses y paradas de transporte, donde se observa a un señor ofreciendo un “Shuco a la tortrix”, dos productos que ya son parte de la cultura guatemalteca. El modelo, la carretilla y el producto son de Panitos ejecutivos El Chino.



A pesar de que no se hace ninguna publicidad formal y sistemática, la tradición de los capitalinos de ir a comer un “shuco del Liceo” se mantiene, sin que importe la cercanía o las inclemencias del tiempo, y por ello continuarán en el paladar y predilección de muchas generaciones. ¡Buen provecho!

 

Programa Barrio Querido
Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco

 

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