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230 años de fundación de la ciudad de Guatemala

Barrio El Gallito, zona 3

Orgullos de mi barrio
Don Guillermo Méndez Santizo
(Farmacéutico e inventor)

Don Yemo es todo una personaje en el barrio.

Más conocido como don Yemo, nació en Patzún, Chimaltenango, el 7 de marzo de 1928. Su padre, José Lisandro Méndez Samayoa era de oficio carpintero, y su madre, Dolores Santizo de Méndez, se dedicaba a su hogar, pero falleció murió cuando él tenía 4 años. A partir de entonces, su única hermana, María Alfonsina, asumió la responsabilidad de cuidarlo. A ambas las recuerda con mucho amor.


A los 12 años, recién finalizada la primaria, vino a la capital en busca de un trabajo. “Quería ser piloto, así que escribí una carta a la Escuela de Aviación pidiendo una oportunidad, y me concedieron una audiencia. Cuando me vieron, tan pequeño y flaquito, se sorprendieron. Me indicaron que por mi edad no calificaba para ingresar, pero me pusieron como ayudante de mecánico en el taller de la Policía. Después trabajé como aprendiz de herrería”, recuerda Méndez Santizo.


En relación con el oficio de farmacéutico que hoy ejerce, dice que su primer empleo fue en la farmacia Guzmán, como mandadero, y le pagaban Q5 al mes. Allí aprendió a poner inyecciones.


Su espíritu curioso y aventurero le ha llevado a tener una vida plena. A sus casi 80 años, don Yemo recuerda que cuando era joven siempre soñó con conocer México. Ese sueño lo cumplió cuando en 1947 ganó 30 botellas de vino en un concurso de la Radio TGW, patrocinado por Bodegas Sara. Vendió el producto y con el dinero obtenido se fue en tren a la frontera. “Crucé el Suchiate, con la maleta al hombro, mis alforjas cargadas con un caudal de ilusiones y agua clara de esperanzas en un tecomate”.


Apenas llegó al Distrito Federal, se fue a visitar el santuario de la Virgen de Guadalupe. También vio por primera vez el mar, en Veracruz. En México consiguió trabajo en la farmacia Guadalupana, ubicada en medio de teatros como el Lírico y Virginia Fábregas, donde conoció a Mario Moreno “Cantinflas”, Sarita García, Joaquín Pardavé, los hermanos Soler, Gloria Marín, Emilio Tuero, Jorge Negrete y Pedro Infante, entre otros, pero después de un año le ganó la nostalgia y volvió a Guatemala.


Al retornar su país se empleó en la farmacia Washington como repartidor. Allí una señora le dijo: “Esta farmacia es muy surtida, pero lástima que esté tan lejos. ¿Por qué no abren una en El Gallito? Allá necesitamos una”.


Sin pensarlo dos veces, se montó en su bicicleta y se fue a conocer el barrio. “No tenía ni un centavo, así que hablé con mis hermanos. Uno me dijo que me podía ayudar con Q200, y otro con Q100. El único que no me podía dar dinero me ofreció hacer los estantes, porque sabía de carpintería”, relata con gratitud.


La farmacia se inauguró el 20 de junio de 1951. Pero el verdadero milagro vino después. En la parte de atrás de la farmacia, don Guillermo aún guarda los frascos de vidrio que contienen diferentes sustancias con las que él mismo preparaba las medicinas, así como el tazón o mortero donde mezcló la primera pomada GMS.


La historia de este ungüento comienza un día de noviembre de 1953, cuando llegó a la farmacia una señora de la que sólo recuerda su mirada penetrante, y que pesaba 267 libras. La mujer le comentó que había acudido a médicos y hospitales en Centroamérica y Estados Unidos, por unas úlceras que habían aparecido en sus piernas 18 años antes.


“Cuando la vi me impresioné y le expliqué a su hijo que eso yo no podía curarlo. Él me miró y me dijo: Señor, ayúdeme. Mi madre está desahuciada. Su aflicción me convenció. Hice la mezcla y le imploré al Espíritu Santo que me guiara. Guardé la pomada, pero la mujer nunca volvió. Al poco tiempo llegó Mario Humberto Guzmán González, un niño que había sufrido serias quemaduras con gasolina en el rostro, y la pomada ayudó a sanarlo en 12 días”, recuerda con sano orgullo.


Muchos años han transcurrido, y don Guillermo cree firmemente que aquella mujer que nunca más regresó fue el espíritu de su madre, quien le abrió el camino. La fórmula original se convirtió en la pomada GMS, que sana úlceras, barros, raspones, granos, escaldaduras, pañalitis, almorranas, hongos, grietas, mazamorras y otras enfermedades de la piel, la cual patentó de inmediato. Tanto la pomada como el balsámico GMS aún son elaborados en el laboratorio ubicado en el mismo local de la farmacia.


La vocación de servicio es la que lo ha llevado a ayudar a los demás y velar por las necesidades de su comunidad, como colaborar para la instalación de alumbrado eléctrico en un tanque público, abrir una escuela de párvulos, apoyar muchas causas nobles y patrocinar equipos deportivos.


Méndez Santizo fue el primer Alcalde auxiliar de la zona 3 en 1963, y durante su gestión se planificó e inició la construcción de los mercados de la 13 calle y de Flores, la iluminación de la Av. Elena, dotación de chorros públicos de agua y construcción de graderíos.


Sin embargo, jamás se olvidó de su querido Patzún, donde fundó la “Noche de Farolitos”, que se celebra el primer viernes de diciembre en el marco de las festividades navideñas.


La comunidad guatemalteca residente en Nueva York lo designó “Mariscal de la Hispanidad” el 12 de octubre de 2003, un título que se otorga a las personas ilustres de cada nación latinoamericana que llevan una vida ejemplar y se han dedicado a servir al prójimo. Además, ha recibido innumerables reconocimientos, homenajes y galardones.


A pesar de la edad, don Yemo dice que hay cosas en las que nunca dejará de creer, como que cualquier trabajo debe hacerse con dignidad, que una de las mayores riquezas de un ser humano es tener amigos y que con educación y deporte, la juventud puede construir una vida diferente.


Y una convicción que defiende a capa y espada, por obstinada que parezca, y por la cual incluso ha escrito cartas a varios mandatario, es que Belice sigue siendo de Guatemala, y que el mapa de su país sin Belice no es tal.


Carlos Enrique Barillas
(Escultor)
 

Escultor del Cristo Negro de la Parroquía de la Col. Primero de Julio.

Carlos Enrique Barillas, tataranieto del presidente Manuel Lisandro Barillas, nació un 5 de noviembre en una casa cercana al Santuario de Guadalupe, zona 1.


Cuenta que desde muy pequeño sintió la vocación de esculpir, y cuando la iglesia todavía estaba en construcción, llegaba a las 6 de la mañana a esperar que abrieran el templo, para admirar las imágenes antes de que comenzara la misa.


También relata que una vez, cuando tenía 10 años y mientras caminaba por el barrio, encontró en la calle a un “Niño Dios” sin brazos ni piernas. Se lo llevó a su casa y elaboró las extremidades faltantes con parafina. Cuando finalizó su labor llevó la imagen restaurada al taller de don Raymundo para que la retocara, pero en lugar de eso, se la compró porque el trabajo estaba muy bien hecho.


Doña Rebeca Barillas era comerciante, y entre otras cosas vendía esculturas religiosas. Estaba casada con el escultor Antonio Montúfar. Cuando su hijo, Carlos Enrique, cumplió 15 años, lo llevó al taller de Luis Domínguez, donde el joven comenzó a aprender nuevas técnicas. Dos años más tarde ingresó al taller del escultor Luis Dubois, quien era bien conocido en el medio de la imaginería colonial y religiosa.


Hasta nuestros días Barillas ha conservado sus técnicas. Enfatiza que es de los pocos maestros que todavía pinta con aceite al estilo antiguo, y le agradece al maestro Domingo Guzmán por haberle a elaborar las pestañas de los santos.


Entre sus mejores trabajos se encuentra el Cristo de la colonia Primero de Julio, cuya procesión, cada vez que sale, causa gran admiración entre los feligreses, quienes han llegado hasta su casa para conocerlo y expresarle su agradecimiento. Dice que a lo largo de toda su vida ha tenido grandes experiencias y satisfacciones, y que todo lo que crea surge por la gracia divina que lo ha bendecido con este don. En especial recuerda con mucho cariño a la Nía Trinis, quien tenía un puesto de ventas en el Mercado Central y le abrió una cartera de clientes exclusivos, además de conseguirle precios especiales. Barillas fue testigo cuando pusieron la primera piedra de la parroquia de El Gallito.
 
Programa Barrio Querido
Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco
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