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Programa Barrio Querido

Colonia El Rodeo, zona 7

Mis memorias de El Rodeo
Por José Rodolfo Pérez Arrivillaga

 
La primera casa construída en El Rodeo.

Ciudad de Guatemala, abril de 2007/ La familia Arrivillaga llegó a “El Rodeo” a principios de los años 30 del siglo XX. En ese tiempo don Juan Francisco Arrivillaga García y doña María Rada de Arrivillaga se asentaron en la Finca La Floresta, donde ahora está la casa de los arcos, enfrente de la Iglesia Católica. Don Juan había sido un importante ganadero de leche en San José Pinula, de donde trajo consigo algunos animales raza Jersey y continuó sembrando maíz “Gruchi” (amarillo) que había sido desarrollado en su finca de Pinula.



A él le acompañaron, también gente de la finca “Cieneguilla” de San José Pinula y de los cuales recuerda a Juan Arrecis, un señor de bigotes largos y sombrero de ala ancha, a lo Pancho Villa.



La finca empezaba después de una entrada de algo así como 200 metros donde ahora termina el sitio de la Imprenta; allí había una puerta que impedía el paso a vehículos y peatones que no eran autorizados. Asimismo, en la finca se sembraron cipreses, que aún se mantienen en pié algunos y dividían las áreas de cultivo y los potreros. La extensión de la propiedad era alrededor de una caballería y la vara se compraba, en esa época, a un centavo, es decir a Q100.00 la manzana. Pero todo es relativo, pues el sueldo de un profesional podía estar alrededor de lo mismo.

 

Hasta finales de los 70 eran pocas las casas construidas, lo que daba lugar a que se conservara siempre un ambiente rural. Se criaron comercialmente gallinas en galpones o galeras y se sembraron frutales y hasta se tuvo una plantación de fresa. El agua se subía con una bomba de motor de gasolina desde el barranco del Naranjo, ahora al otro lado de la Pasarela en la jurisdicción de Mixco.



La población de La Floresta creció hasta llegar a construir una colonia de unas 15 ó 20 casas. Actualmente hay alrededor de 150 casas formales (de mixto) y varias de materiales prefabricados.



La finca La Floresta colindaba al oriente con terrenos más o menos pequeños que eran propiedad de personas, en su mayoría, procedentes de San Juan Sacatepéquez, y gran parte de ellos comerciantes de leña, carbón y madera. Después de ellos (lo que hoy es la 37 avenida, atrás de Burguer King) seguían extensas propiedades de los señores Giordani, que sembraban maíz hasta el actual periférico.



Al occidente colindaba con varias pequeñas propiedades de los más antiguos habitantes de la aldea “El Rodeo”. En la colindancia Noroeste la vecina era la finca El Rosario de los señores Aycinena Arrivillaga, hasta el lindero del barranco mencionado antes. Más allá, después del Rosario, que llegaba hasta la calle que de Montserrat conduce al área de Minerva, San Nicolás y El Naranjo. La Finca El Rosario que administraba don Antonio Aycinena era productora de leche y café. Todas las lotificaciones que ahora hay sobre la pasarela hasta el Centro Comercial Montserrat era lo que ocupaba la finca, del lado nororiente de la carretera San Juan. También se extendía del otro lado por Villas del Rosario y hasta los campos de fútbol de Montserrat. Esta gran área estaba cultivada de cafetales.

 

Calle que une La Foresta con la Col. El Rodeo.

El trazo urbano fue realizado por el ingeniero Raúl Aguilar Batres, quien fue yerno de Don Juan. Fue, indudablemente, una decisión afortunada porque así se tienen calles anchas, a pesar de que no se ha respetado la medida de 20 metros que el Ing. Aguilar Batres había trazado.



Don Juan y Doña María dejaron en herencia a sus hijos toda la finca dividida en manzanas y medias manzanas según se tratara de hijos e hijas o yernos y nueras. Son los nietos y bisnietos los que viven ahora en los terrenos que a su vez les heredaron sus padres y abuelos. Él que esto escribe, siendo niño, acompañaba a su tío Pedro Arrivillaga a perforar hoyos en la tierra con un barreno adaptado a un tractor, para sembrar luego matas de café en ellos.



También la finca El Rosario donó el predio para la Escuela Franklin Delano Roosevelt y dejó el predio para los dos campos de fútbol.



Lo último que queda de esta finca es precisamente lo que en el nororiente colinda con lo que fue la finca La Floresta y que no ha podido ser lotificado porque fue declarada reserva arqueológica maya. Pues, toda esta área de “El Rodeo” estaba bajo la influencia de Kaminal Juyú. En La Floresta hubo al menos tres cerritos que fueron aplanados por la ignorancia o dejadez de los que construyeron casas. Mi abuelo tenía una colección de figurillas de barro, con clara influencia de Kaminal Juyú, pero lamentablemente alguien se las sustrajo, posiblemente para venderlas por una nada. Sin embargo, todavía se encuentran en los jardines pedazos de tiestos de barro y algún resto de figurillas. Si eso sucedió en esta área alejada del Centro de esa ciudad maya, imagínense cuanto se ha perdido en el área de Miraflores y las colonias Mirador, Ciudad de Plata, Tikal I y II, colonia Centro América y Utatlán I y II.



El origen del nombre “El Rodeo” no sé a ciencia cierta cuál es, pero como en tantos otros puede haber sido simplemente eso: que había que tomar un desvío con las carretas o que se realizaban encerradas de ganado por comercio a diversión. Hoy parece el camino más recto parta dirigirse de la capital a San Juan y viceversa.



Recuerdo que la primera camioneta urbana que se acercó a El Rodeo fue la número 19 de la Empresa Eureka. Una camioneta color amarillo con líneas azules. Venía desde el Centro por la 8ª avenida hasta la 18 calle allí en lo que hoy le dicen el Amatón, que en aquel entonces era conocido como “El Botellón” debido a una inmensa botella que adornaba un almacén en la esquina de la 4ª avenida y 19 calle, de allí enfilaba hacia la Avenida Bolívar hasta un punto que era crítico, especialmente los domingos, cuando se juntaban los que venían de Amatitlán. Hoy en día El Trébol. Entonces, se juntaban tres calles de mucho tráfico en la esquina de una gasolinera que precisamente se llamaba así: Gasolinera “La Esquina”, propiedad de don Juan Arroyave, casado con la señora Valdez. Me acuerdo de los señores porque éramos compañeros de colegio con sus hijos, especialmente, con Juan José Arroyave Váldez. Pues, superado el incidente del cruce en la gasolinera, la camioneta enfilaba por calles de tierra hacia la carretera San Juan.



Fue hasta los años 50 que se trazó la Roosevelt, antes de eso iban juntas la carretera San Juan y la Carretera Vieja a Mixco, hoy bulevar Mateo Flores. Había trechos de asfalto y otros que si habían tenido, ya no tenían. Pocas casas con sitios grandes era lo que predominaba en el trayecto.



Poco antes de llegar al Centro Comercial La Quinta de hoy en día, empezaba lo que se llamaba finca La Quinta del señor Jorge Samayoa. Parte de su finca era lo que ahora es el parque Kaminal Juyú. El señor era una persona muy sociable y todos los años invitaba a una gran cantidad de amigos a celebrar su cumpleaños con una barbacoa, donde realmente se enterraba el ternero para que se cociera a fuego lento. Esto se lo oí contar a mi papá que algunos años acudió a las celebraciones porque el señor Samayoa y él formaban parte del Comité Olímpico Guatemalteco, que organizó los juegos Centroamericanos y del Caribe en 1950, para lo cual se construyó el Estadio Mateo Flores y el Palacio de los Deportes y la Piscina Olímpica, entre las zonas 4 y 5.



Si uno había podido dormirse en la camioneta, irremediablemente se despertaba al llegar a la Tenería Americana, por el penetrante olor que producían las cáscaras de encino pudriéndose y soltando el tanino sobre las pieles. La tenería era propiedad de los señores Recinos que tenían un almacén en la 8ª calle y 11 avenida de la zona 1, enfrente al Parque Colón y en la esquina de la casa donde vivía con mis padres, hermanos. Las paredes de la tenería aún están sobre la San Juan y 23 avenida. Ignoro si aún curten cuero, pero supongo que ya no cambiaron de sistema pues si no, los vecinos ya los hubieran echado del lugar.



Avanzando se hallaban varias casas de techo de teja y paredes de adobe. Recientemente, han remodelado una que permanecía casi idéntica a hace 50 años; está enfrente de la entrada del supermercado Paiz Mega. Luego se subía una cuesta de unos 150 metros y dejando al lado izquierdo de una casa sobrecargada de adornos y que se llamaba Las Margaritas, llegaba uno a una especie de ensanchamiento de la carretera. Ese lugar, llamado Las Majadas y que estaba donde ahora cruza el Periférico, dividía la San Juan en dos, apartando por la izquierda la antigua carretera a Mixco, Antigua Guatemala y a todo el occidente. Del lado derecho continuaba la carretera San Juan Sacatepéquez. En la cuchilla que se formaba había una pequeña estación de policía que se le llamaba la Garita. Actualmente hay una venta de gas propano para vehículos.



Aquí era la terminaba el recorrido de la camioneta, luego, debíamos bajarnos y emprender el viaje a pie, todo de subida. Si teníamos suerte, algún boyero con su carreta iba de regreso a San Juan después de vender la leña en la capital y si estaba de humor, que casi siempre era así, nos dejaba ya sea poner lo que llevábamos sobre la carreta y a veces nos dejaba que nos montáramos.



Toda la subida tenía grandes cipreses en la orilla y más allá siembras de maíz. Era cuestión de no menos de ¾ de hora llegar al Rodeo, desde Las Majadas… Por cierto, regresando a Las Majadas, donde estaba la casa sobrecargada de adornos y caprichos arquitectónicos, se oía decir a los mayores que se trataba de un monumento de amor filiar al extremo. El constructor hizo la casa para su mamá pero nunca fue habitada porque creo que solo pudo hacer unas cuantas paredes y se terminó el dinero. La casa debió quedar la mayor parte en el actual periférico pero otra parte en los jardines de CEMACO. A medio camino entre Las Majadas y El Rodeo había algunas casas del lado izquierdo. Tengo muy presente el recuerdo de una que tenía un portalito en el frente y que estaba por donde ahora está el Círculo Deportivo Guatemalteco, que también debe tener ya casi el medio siglo de fundada. Había otra casa que se llamaba Periet Inamit. Llegando propiamente a El Rodeo, había al lado derecho un bar llamado “Los Álamos” y a continuación, la entrada a la casa de los señores Giornadi que apenas se divisaba desde la carretera.



Las casas de El Rodeo y que están sobre la carretera casi no han cambiado sus fachadas, ni han sido corridas como las nuevas construcciones. Me imagino que hay una lucha de sentimientos y razones por conservar lo de antes y ampliar este embudo que provoca las grandes atorazones. Creo que al final se impondrá el llamado “progreso”.



Cuando la carretera nos dejaba enfrente a la entrada de la hoy 38 avenida, se observaban pocas personas. Adelante, unos 50 metros estaban las casas de los señores Rivera, comerciante de madera y que tenían el único o los únicos camiones de la aldea. Enfrente de la entrada a la 38 avenida, estaba el tanque de agua, que aún subsiste al lado de la pasarela y que se surtía de agua de La Brigada y de los tanques de purificación que también están más arriba en la San Juan, adelante del Metamercado.



En la entrada de La Floresta (38 avenida) vivían los señores Orellana que el señor era policía. Otras personas que vivían entre la San Juan y La Floresta eran Juan Arrecis a quien ya se menciona antes, Augusto y su esposa Jesús, que ella había nacido en la finca de don Juan Arrivillaga en San José Pinula. Había otras dos o tres casas, pero no recuerdo el nombre.

 

El comercio siempre ha sido importante.

Los comercios que habían eran la panadería de Don Tono y doña Chus, la carnicería de una señora a quien llamaban doña Chagua, doña Armenia la señora que vendía tamales. Otros eran los Búcaro, la tienda de la Familia Parada, que no se si se llamaba La Esperanza, la tienda La Frontera que era la última (en la 39 avenida casi enfrente de la Farmacia Carolina y H.) y que era de don Juan Sheaffer. Otras familias de la 39 y 37 eran los Yoc, los Boror, Vázquez, Canel, Camey, Ayapán.

 

Sobre la 37 estaban los Archila, que aún viven allí, al lago izquierdo yendo hacia la Roosevelt. Los señores Álvarez, cuya su hija Aurora se casó con el señor Grazzioso y fundaron la Fábrica de Persianas y Toldos “La Patrona”. El señor Álvarez tenía representaciones de algunos vehículos y ventas de repuestos en la zona 1 y el salía de vez en cuando a proyectar cine en su casa para lo cual todo el mundo se apuntaba. Debe tomarse en cuenta que por ese entonces no había ni luz eléctrica ni agua entubada; no digamos drenajes.

 

En la 37 avenida se formaban grandes lodazales. Vecinos de los Álvarez estaban los dueños de Pomona, me parece que de apellido Kratz. Más adelante pusieron un su vivero de plantas ornamentales que fue atendido por sus hijos. Ahora hay un letrero que además de Pomona, dice Pomerania. Esta es una región alemana que puede estar más acorde a sus orígenes. Más allá de Pomona vivía la familia Fajardo.



Pasaron los años y finalmente llegó la camioneta a El Rodeo. Primero la 19 y luego la 7. Luego vino el agua y después la luz, finalmente cobró importancia la carretera por el desarrollo urbanístico de “La Florida” y demás colonias aledañas.

 

Hoy El Rodeo, no es rodeo, es paso obligado para miles de vehículos diariamente, y aunque en las goteras de la capital, nos sentimos orgullos de ser capitalinos.

 

Programa Barrio Querido
Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco
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