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Feria de Jocotenango

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Dulces típicos en la feria de Jocotenango.

Ciudad de Guatemala, julio de 2007/Han de estar y estarán... que me contaron que en el Reino de Guatemala la primera fiesta en honor a la Virgen de la Asunción se celebró en una comunidad indígena localizada en Chinautla en el año del Señor de 1550, en la Parroquia Vieja que poseía una imagen de la virgen y que actualmente se ubica en la zona 6 de esta capital.

 

Esta festividad religiosa será la que dará origen a la Feria de Jocotenango, cuyo nombre, a su vez, se derivó de dos hechos históricos que ocurrieron en el siglo XVII. El primero se relaciona con la construcción de la Ermita de Nuestra Señora del Carmen en 1620; el otro se refiere a que, coincidentemente, en esa misma fecha, en el pueblo de Jocotenango, vecino a la ciudad de Santiago de los Caballeros, capital del Reino de Guatemala, se festejaba a la Virgen de la Asunción, patrona del lugar. De la fusión de estos sucesos nace oficialmente la feria, y a partir de entonces las celebraciones agostinas se conmemoraron con mucha devoción, júbilo, pitos y cohetillos.

 

Como consecuencia de los terremotos de Santa Marta ocurridos el 29 de julio de 1773, que destruyen la ciudad de Santiago de los Caballeros, esta actividad anual es interrumpida. Dichos sucesos obligan a las autoridades españolas a buscar otro sitio de asentamiento para la capital del Reino. De esta cuenta, se elige el Valle de la Ermita o de las Vacas, junto a la parroquia Vieja, hacia el nororiente del país. La misma sería establecida de manera oficial el 2 de enero de 1776, y bautizada por el rey Carlos III el 23 de mayo del mismo año, según real cédula con el nombre de Nueva Guatemala de la Asunción, en honor a la virgen del lugar donde se habían asentado provisoriamente las autoridades coloniales.

 

Vecinos visitan la feria en agosto.

Con el traslado de la ciudad, los pobladores también trajeron consigo al nuevo valle sus tradiciones, costumbres y, por supuesto, su fervor religioso. La imagen de la Virgen de la Asunción es removida de la iglesia de Chinautla para su nuevo recinto en el Centro Histórico, trazado por el arquitecto real Marcos Ibáñez.

 

De ese modo, también se estableció la Plaza de Jocotenango, ubicada en la parte norte de la ciudad, como el área donde se llevaría a cabo la fiesta religiosa. En el siglo XIX se extendieron los límites hacia el paseo denominado Simeón Cañas y el Hipódromo del Norte, construido en 1873 por el presidente Justo Rufino Barrios.

 

Hacia finales del 1800, los sucesivos presidentes de la República le otorgaron a la Feria de Jocotenango una importancia particular, por cuanto no sólo constituía una actividad religiosa magnífica, sino también porque se convirtió en una práctica social, económica y comercial que atraía gente de todos lados, inclusive de países vecinos como Honduras y El Salvador. En este último, la tradición de las fiestas agostinas persiste hasta hoy.

 

Esta significación es afirmada por el cronista e historiador Domingo de Juarros en su relato “La feria”, al indicar que en “la víspera y día de la Asunción, hay en este pueblo una feria de caballos, mulas y otras mercaderías, a la que concurre un gran número de gente”. También el investigador Celso Lara menciona que cada 15 de agosto “el homenaje a la virgen iniciaba con un rezado, luego se realizaban carreras de caballos, demostraciones de ganado, fiestas en los barrios del Centro Histórico, así como en salones para la alcurnia, lo cual se combinaba con el aspecto religioso”. En otros municipios donde se celebran las fiestas jocotecas se reverencian también con convites, toritos, y los bailes de “La Conquista”, “El rey Salinas” y “Los Mexicanos”.

 

El presidente Lázaro Chacón, a través de la Secretaría de Gobernación y Justicia, emite un acuerdo el 10 de julio de 1928, nacionaliza la Feria de Jocotenango e instaura oficialmente el 13, 14 y 15 de agosto de cada año para su celebración.

 

Los festejos incluyen un acto procesional de la Virgen de la Asunción que recorre la avenida Simeón Cañas, entre olorosas y multicolores alfombras de aserrín y flores, y juegos pirotécnicos. Para la diversión de los feriantes se instalan juegos mecánicos, ventas de comida típica y artesanías. Además, los asistentes pueden visitar y admirar el Mapa en Relieve construido por Francisco Vela Irisarri en 1905, o simplemente disfrutar todo lo que la feria ofrece.

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