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Barrio Querido
 
Mosaico Mural "Bestiario"
Finca Nacional "La Aurora"
 

Municipalidad de Guatemala
Mural "Bestiario" ubicado en la parte exterior occidental del zoológico La Aurora.

Ciudad de Guatemala, agosto 2008/Bestiario, del latín Bestiarium Vocabulum, es un tratado ilustrado procedente del mundo grecorromano, bizantino y persa que contiene descripciones cortas de animales, plantas e incluso rocas, reales e imaginarios, juntamente con las interpretaciones simbólicas o morales de sus virtudes. Estas últimas características fueron acopladas al mundo cristiano románico al sacralizar la estética pagana convirtiendo a los animales en portadores de virtudes o perversiones por lo que su aparición en capiteles, canecillos, metopas, tímpanos, etcétera, es reinventada y usada con sentido de enseñanza y advertencia, combinando información zoológica, mitológica y leyendas. Debe advertirse que a pesar de que tratan del mundo natural, esta información no debe tomarse al pie de la letra como si fueran tratados verdaderamente científicos; sin embargo, los bestiarios fueron, después de la Biblia, los libros más ampliamente difundidos y populares durante la Edad Media en Inglaterra y Francia.

 

La historia natural y la ilustración de cada una de estas bestias, como ya se mencionó, solía acompañarse con una lección moralizante, reflejando la creencia de que el mundo era literalmente la creación de Dios y que por tanto cada ser vivo tenía su función en él.

 

El primer bestiario conocido es el griego denominado Physiologus o Fisiólogo, aparecido probablemente en la ciudad de Alejandría en el siglo IV d.C. e intitulándose así debido a que una glosa moralizante fue agregada por un moralista cristiano de este nombre, en él se resumía el conocimiento y sabiduría antiguos sobre animales contenidos en las obras de autores clásicos como la Historia de los animales, de Aristóteles de Estagira (384 a.C.), así como otras obras del historiador griego Heródoto (480 a.C.), Plinio el Viejo (siglo I d.C.), Claudio Eliano (siglo I d.C.), Cayo Julio Solino (siglo IV d.C.) y otros naturalistas.

 

Después del Physiologus, aparecieron en el siglo XII el manuscrito anónimo conocido como Bestiario de Aberdeen, redactado e ilustrado en Inglaterra. Un siglo después, Leonardo da Vinci, también, escribió el suyo propio.

 

Más tarde, en el siglo XV, se editó el bestiario de San Isidoro de Sevilla (libro XII de las Etimologías) y San Ambrosio, quienes a través de él propagaron el mensaje religioso con referencias a pasajes de la Biblia y la Septuaginta. Es así como ellos y otros autores expandieron o modificaron libremente modelos preexistentes, refinando de forma constante el contenido moral, sin interés o acceso a más detalles respecto al contenido en hechos. Sin embargo, los coloristas relatos sobre estas bestias fueron ampliamente leídos, y en general tomados como ciertos. Algunas observaciones encontradas en los bestiarios de la época, como la migración animal (principalmente en los pájaros), fueron descartados por los filósofos naturales de épocas posteriores, solo para ser redescubiertas por la ciencia moderna.

 

 

Ya de este lado del continente americano, en las culturas prehispánicas azteca, maya, inca, principalmente, se pueden observar la creación de figuras zoomorfas, es decir una combinación de formas animales y humanas, a las que se les otorgaban una importancia estética y decorativa especial. Estas representaban criaturas mitológicas con formas de animales creando significados múltiples como por ejemplo: vida, muerte, resurrección.

 

 

Pero, volviendo a la historia de los bestiarios, a pesar de que se hicieron versiones de los bestiarios en todos los idiomas y ha servido de inspiración plástica y literaria, estos dejaron de ser de uso exclusivo de teólogos y exegetas.

 

 

Mucho del contenido de los mismos se remonta a las épocas ancestrales grecorromanas, a la literatura inglesa y a las tradiciones orales. Lo que explica como las criaturas del bestiario influenciaron el desarrollo de la alegoría y el simbolismo en el arte y la literatura. Asimismo, en América los cronistas de Indias dieron un nuevo impulso a estas representaciones al describir el Nuevo Mundo recién descubierto.

 

 

Municipalidad de Guatemala
Fragmentos del Mosaico Mural "Bestiario".

Desde el punto de vista literario, en un artículo de María Ángeles Vásquez (Revista electrónica Babab.com, n. 4, Septiembre 2000) dice que “Los bestiarios cobraron auge en la prosa latinoamericana del siglo XX como por ejemplo en los libros: La casa de fieras. Bestiario (1922) de Alfonso Hernández Catá, el Manual de Zoología Fantástica (1957) de Jorge Luis Borges y Margarita Guerrero o el Bestiario (1951) de Juan José Arreola, titulado inicialmente como Punta de Plata, que aparece como conjunto en 1958, aunque algunos de sus textos son de 1951, Otros ejemplos posteriores los encontramos en Para un bestiario de Indias (1968) de Alberto M. Salas, compilación de testimonios del siglo XVI, el Bestiario mexicano (1987) de Roldán Peniche B., catálogo de entes fabulosos mexicanos de la época prehispánica.

 


Los animales prodigiosos
(1989) de René Avilés Fabila o El Bestiario de Indias del Muy Reverendo Fray Rodrigo de Macuspana (1995), compilado por Marco Antonio Urdapilleta que según el profesor Lauro Zabala, reúne materiales de diversas fuentes en las que se reconocen subtextos alegóricos y una síntesis de conocimientos empíricos de diversa naturaleza. Según la información ofrecida también por el Dr. Zabala, se ha publicado el primer Diccionario de bestias mágicas y seres sobrenaturales de América (UdeG, 1995) compilado por Raúl Aceves. Por último, hemos rastreado en la existencia de algunos bestiarios poéticos, (menos divulgados) como el "Bestiario" de El jarro de flores, (1922) de Juan José Tablada, el de Estravagario, (1958) de Pablo Neruda, El gran zoo, (1967) de Nicolás Guillén, "Los animales saben" en No me preguntes cómo pasa el tiempo (1964-68) de José Emilio Pacheco, Ínfima fauna (1962) de Carlo Antonio de Castro, etc.

 


En tiempos más modernos, por ejemplo artistas como Henri de Toulouse-Lautrec y Saul Steinberg han producido sus propios bestiarios. También, Jorge Luis Borges escribió un bestiario contemporáneo con ese título, en el que coleccionaba bestias imaginarias. Los escritores de ficción de fantasía suelen inspirarse en las extraordinarias bestias descritas en la mitología, los cuentos de hadas y bestiarios medievales. Los "mundos" creados en las obras de fantasía pueden tener sus propios bestiarios. De forma análoga, los autores de juegos de rol de fantasía a veces compilan sus propios bestiarios como referencia, como es el caso del Manual de Monstruos para Dungeons and Dragons.

 

Programa Barrio Querido
Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco

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