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Barrio Querido
Parque Colón
Historia: Tercera Parte
 
Municipalidad de Guatemala
Vista del parque infantil "Cristobal Colón" en 1948.
Ciudad de Guatemala, septiembre de 2008/
Esta breve descripción de su historia, como la de los otros espacios abiertos de la ciudad, nos muestra que el Parque Colón ha sufrido a lo largo de tres siglos de existencia una serie de remodelaciones y reacomodaciones, no sólo en el aspecto interno sino también en cuanto atañe a la funcionalidad del mismo, sea por fenómenos naturales, terremotos, sea por proyectos estatales y municipales. Pero, a pesar de las transformaciones voluntarias o no, la añeja Plaza Vieja forma parte de la vida y de la memoria del Centro Histórico de la Ciudad de Guatemala constituyéndose como uno de los pocos espacios al aire libre que todavía tienen mucho que contarnos y por eso es que vale la pena recuperar y conservar.

Asimismo, se convierte en una alternativa más para multiplicar las posibilidades de acceso de la comunidad al libro y a la lectura, a través de las actividades que se realizan en la Biblioteca Infantil “Cristóbal Colón”, administrada por la Secretaría de Asuntos Sociales de la Municipalidad de Guatemala, siendo también una forma de propiciar el aprovechamiento social del espacio público y la organización comunitaria. La recuperación de esta área de la ciudad, por otro lado, es una propuesta que aporta soluciones a los problemas urbanísticos del Centro Histórico de la ciudad, y motiva la reactivación económica, comercial y turística del sector.




Por otro lado para combatir la falta de seguridad, el coordinador general de Departamento del centro Histórico, Ricardo Goubaud, durante la administración del alcalde Fritz García-Gallont (2000-2004) dijo en una entrevista para Siglo XXI, el 23 de octubre de 2001 que se colocó “una cerca perimetral para evitar la entrada de indigentes que pernoctan en el lugar, y quienes ensucian esas áreas”. Al respecto el alcalde García-Gallont se pronunció diciendo que, “El propósito de la medida es evitar que esta áreas se encuentren abiertas al público durante la noche, ya que se reportan constantemente actos vandálicos como robos, informó el alcalde capitalino.” Esta misma medida, se tomó, también, en otras áreas abiertas de la ciudad, como el parque San Sebastián, Jocotenango, San Pedrito y Centenario. Sin embargo, creemos que como medida emergencial ésta es válida mientras se buscan otras soluciones menos radicales, pues el problema no está en tan sólo “cercar”, eso no resolverá las situaciones apuntadas: indigencia, falta de higiene, inseguridad, etcétera.

 

La biblioteca, durante esta misma administración edilicia, también fue objeto de una reforma a iniciativa de la Secretaría de Obras Sociales, coordinada por la esposa del alcalde, Lorena de García-Gallont. La misma incluyó cambios físicos (pintura, construcción y limpieza), capacitación de bibliotecarios y actualización de acervos. A este esfuerzo se sumó la cooperación de colegios privados, BANGUAT y Cooperación Española. Sin embargo, este trabajo no se ha podido implantar del todo debido a la inseguridad y delincuencia común que impera en los alrededores. Pero, ya es un gran paso dado que vale la pena seguirlo.

 

Municipalidad de Guatemala
Rafael Carrera (1814-1865)

 

Rafael Carrera
Una reseña biográfica escrita por Antonio José Batres Jáuregui
En: La América Central ante la Historia. Tomo III, p. 162-184.

 

Rafael Carrera, “El Hombre de la Montaña” como le llamaban sus enemigos; el campesino adolescente desprovisto de letras, que apenas contaba veinte años de vida, había salido de lo ignorado, con gesto rebelde, pero llevando en su alma energía a toda prueba, fuerza de voluntad incontrolable, carácter de hierro, valor temerario e instintos de gloria. Era muy diestro guerrero, por su astucia y conocimiento personal de los campos, vericuetos y ciudades; sobre todo, porque la naturaleza le había prodigado dotes singulares para sugestionar a las multitudes, y hasta para vencer a los más renombrados generales, con los que por entonces contaba la América Central. El rumor de las selvas le abriría amplios derroteros en su vida. Era el “Hombre-fuerza”, representativo de la reacción popular, contra un desbarajuste espantoso. Desde niño se había acostumbrado al fragor de los combates. Había venido de la oscuridad a la luz, mientras otros han venido de la luz a las tinieblas.

 

Cuentan las crónicas que, en 1834, se hallaba viviendo Carrera, en Mita, al cuidado de una chacra del párroco de esa localidad, presbítero Aqueche. Sublevados ya algunos montañeses, quisieron capturar al gobernador, don Francisco Aqueche, quien se refugió en la casa conventual, que su hermano habitaba. Al pretender los conjurados allanar aquella mansión del cura, salió Carrera solo, protegido por el escudo de su propio valor, blandiendo un machete, y exclamando: “¡Pobre del que se atreva a profanar este sitio; lo mataré en el acto”… la turba que conocía muy bien al que se le imponía, se contuvo, y entró en avenimientos con el atrevido adalid, amigo de todos ellos. Poco después se casó Carrera con una criolla, de regular condición, y poseedora de algunos bienes de fortuna; la niña Tona Álvarez, cuyo padre había sido fusilado por Morazán.

 

(…) Carrera, el rebelde montañés, fue desde su infancia, dado al ejercicio de las armas. Había sido clarín de órdenes del primer presidente de la Federación, cuando triunfaba, en los campos de batalla, el prócer Manuel José Arce; este general auguró a Carrera, desde entonces, brillantes glorias militares. A la caída de Gálvez, en 1838, el antiguo clarín –ya triunfante– y árbitro de Guatemala, abrió sus puertas, y rindió a Arce, gratitud, afecto y auxilio.

 

Desde 1826 militó en la Caballería de la Federación; en 1828 fue sargento; en 1830, capitán; en 1837, comandante de las fuerzas de Mataquescuintla; en 1838, teniente coronel; general de brigada en 1839; teniente general en 1840, y capitán general en 1842; ascensos graduales ganados todos, por triunfos a favor de Guatemala.

 

(…) Por el año de 1856, conocí al capitán general Rafael Carrera, a quien recuerdo perfectamente. De estatura mediana, ancho de espaldas, complexión recia, pelo liso y negro, cutis broncíneo, poca barba, mirada severa y rictus dominador. Sus rasgos fisonómicos eran firmes y revelaban gran energía y carácter. Me parece verlo, cuando iba a misa a la catedral, a las ocho de la mañana, los días festivos, solo, sin asistencia alguna, de sombrero de copa alta, capa española suelta, sin bastón, como cualquier particular. Se sentaba democráticamente en un escaño que todavía existe junto a la puerta del Sagrario. A la hora del ofertorio, se arrodillaba, sobre un pañuelo de seda tinto, entre todos los concurrentes. Al acabarse la misa, volvía tranquilamente a su casa, que hoy lleva el número seis de la octava avenida sur.

 

 

Municipalidad de Guatemala
Medalla conmemorativa de la Batalla dela Arada 2 de febrero Acta Constitutiva del 10 de octubre.
Carrera disfrutaba de una constitución muy vigorosa y fue enamoradizo. Tenía varias queridas, sin dejar por eso de atender a su familia legítima. Por la iglesia de San José vivía una de sus concubinas. Supo el general, que en una casa del frente habían puesto sus enemigos un esmeril, con varias balas, apuntando precisamente a la que él concurría. Entonces fue solo sobre la ventana, donde estaba la máquina infernal. Huyeron al momento los que allí estaban y Carrera no le dio importancia al atentado. Entre los hijos naturales que tuvo, reconoció y educó a los Silvas y a los Cruces. Estos últimos eran fruto de los amores que tuvo con doña Dolores Cruz, hermana del mariscal Serapio Cruz (Tata Lapo), valiente, inquieto y aguerrido. Supo Carrera que pretendía armarle una revolución; mandó llamarlo, y le dijo: “Sé que aspiras a la presidencia; te propongo ir, solos los dos, a batirnos al Cerro del Carmen”. Don Serapio le protestó su lealtad, y cumplió su palabra. Después –en tiempo de Cerna– promovió una facción revolucionaria, fue capturado en Palencia, por el general Antonino Solares –quien cometió la inhumanidad de decapitarlo– y mandó a la Comandancia General la cabeza. No fue el Gobierno, ni se paseó por las calles en una pica, como algunos calumniosamente han propalado.

 

(…) Rafael Carrera no gustaba de lujos, ni de inútiles ceremonias; vestía con decencia, casi siempre como paisano, con levita negra, cuello alto, corbata oscura, chistera al pelo y bastón de general. Todos los días hábiles iba a despachar al palacio de gobierno, a las diez de la mañana, edecanes, en su carruaje, tirado por un tronco de caballos colorados del país. En las festividades solemnes, lucía vistoso uniforme de capitán general; la casaca roja, con charreteras y bordados de oro; el bicornio montado, con plumas azules, y el pantalón de paño blanco. Usaba una rica espada, con vaina roja, guarnecida la empuñadura con brillantes, regalo valioso de la reina Victoria de Inglaterra. Así aparece Carrera en un buen retrato que pintó al óleo el célebre artista italiano Domingo Toyetti, el año de 1856. Ese cuadro artístico estuvo durante algún tiempo en la Municipalidad de Guatemala, formando parte de la colección que representa a los presidentes; ahora se encuentra expuesto en el Museo de Historia Nacional. (…) También su busto quedó grabado en monedas de oro de ley, que corrían en abundancia, y en monedas de plata de 900 milésimos.




Uno de los logros más importantes de su administración fue el Decreto 15, hecho público un domingo 21 de marzo de 1847, a través del cual declaraba a Guatemala como una República independiente. Fue un Manifiesto redactado por Alejandro Marure y ratificado por la Asamblea Legislativa el 14 de septiembre de 1848.

 

Programa Barrio Querido
Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco

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