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Barrio Querido
 

Crónicas de Guatemala: En el Cerrito del Carmen

Por Alfonso Enrique Barrientos, 1954

 
Municipalidad de Guatemala

Ciudad de Guatemala, enero 2009/Al noroeste, en el límite entre la ciudad y los suburbios, hacia el rumbo de Las Vacas, en lo que antes sólo era una orilla del Valle de La Ermita, se eleva un monte risueño, todo bañado de luz y ornado de flores: el Cerrito del Carmen. –¿Del Carmen?– Porque sobre esta joroba del cerro Juan Corz rezó por primera vez iluminado con su palabra fervoroso la imagen diminuta de una virgencita del Carmen, sin Niño Jesús, que fue traída de España a América. La Ermita se fundió allí y desde entonces es su iglesia, la primera iglesia construida en la última capital de Guatemala. La leyenda añade que ese no era el destino inicial de la iglesia. Corz había recogido la imagen en un monasterio español cuyas monjas le advirtieron que por mandato de Santa Teresa (la mística), fuera trasladada a las Indias.

 

El ermitaño que la condujo –continua la leyenda– se estableció por allí, por los suburbios de Las Vacas. El oratorio fue erigido, al fondo del altar, y en lo alto la virgencita dorada y lánguida. Pero he aquí que una mañana desapareció la imagen y Corz, loco de miedo, corrió hacia todos rumbos en su búsqueda. Un rayo de luna le indicó a la postre que la virgen se hallaba sobre el cerrito y hasta allá escaló el pobre asceta para recobrarla. El milagro ocurrió dos veces más hasta que el cerebro del elegido fue iluminado y comprendió que era allí, sobre la joroba del cerro, en que había que alzar el templo. Batres Jáuregui mira en la vieja construcción la arquitectura española del medioevo y refiere que Corz, perseguido por calumnia insana, tuvo que hui de la ciudad hasta perderse en el olvido.

 

Hoy la iglesia ha sido remozada, pues que el terremoto del dieciocho la redujo casi a escombros y no fue sino hasta mil novecientos veinticinco cuando se reinstauró, volviéndose a colocar los lienzos del altar mayor que es una joya auténtica del plateresco más rico. Allí al centro del altar la virgencita del Carmen sin Niño Jesús. Toda dorada y luminosa y rodead de las buenaventuranzas de sus fieles.

 

Municipalidad de Guatemala

Pero he aquí que la ermita, ya no es sólo la ermita. Ahora se ha transformado en un parque, en un jardín, en un paseo, por cuyos vericuetos las mocitas y los jóvenes hacen como que estudian por las mañanas, sentados sobre el césped, con la vista fija sobre el paisaje y un libro abierto encima de las piernas. A la tarde en cambio, tal como ocurre en los otros parques del mundo, las parejas cogidas de la mano caminan y caminan… Entre tanto, a la vera del descuido, han ido creciendo plantas verdes de flores rojas de nombre “cucuyús”; pinabetes, enredos y unas dalias tan hermosas y tan púrpuras que de inmediato traen a la mente los versos de Darío: …”de Occidente las dalias y las rosas del Sur…” Árboles añosos no contiene el parque, solo uno que otro pino de ramas descarnadas.Desde allí, pueden mirarse en lontananza que la ciudad no crece hacia lo alto o crece poco. Sobresalen las cúpulas de la Merced, de Catedral, del Calvario y uno que otro edificio empinado sobre los techos grises de lámina de zinc. Desde allí puede mirarse como la ciudad o mejor dicho el Valle de la Ermita, donde está sentada la ciudad, esta circundado por azules montañas que casi nunca alcanzan a perderse entre las nubes.

 

Pero ni la circunstancia histórica, ni la condición geográfica del Cerrito del Carmen, importa hoy a la ciudadanía, casi nadie sabe que su iglesia es la primera que se edificó en la ciudad; que es más antigua que la Catedral y que Santa Rosa. El Cerrito del Carmen es el paseo romántico citadino, es el paseo que todos los viejos y jóvenes, hombres solteros y casados, estudiantes y profesionales, han recorrido en más de alguna época de su vida. Es el sitio en que han nacido y florecido bellos romances, las historias de amor más sublimes y donde se han concertado casi todos los matrimonios de las más antiguas e ilustres familias guatemaltecas.

 

El Cerrito

Todos los domingos
vamos a pasear.
Si vamos al cerro
subimos, bajamos,
y al fin nos cansamos
de tanto jugar.

 

ESCOBEDO MENCOS, Olivia. Evocaciones, poesías infantiles. Guatemala: Ministerio de Educación Pública. p. 84. (Escritora guatemalteca)

 


El Cerrito del Carmen

La Virgen tiene un Cerrito
vestido de verde grama,
en el Cerrito una Ermita
y en la Ermita una campana.

 

Como es alegre el Cerrito
con su pinaleda, canta;
con sus fontanas se ríe
y con sus palmeras, danza.

 

Tiene guarnición de rosas
su casaca de esmeralda,
cinturón de bugambilias
y abrochadura de dalias.

 

Por graderías de piedra
en sus hombros nos levanta;
¡y es mirador de la tierra,
con su altura y su esperanza.

 

Cuando estamos en la cumbre
es radiante el panorama;
la ciudad se vé más bella
y más altas las montañas!

 

Tiene el Cerrito su fiesta
que lo aturde y lo engalana:
¡carrousel y “caballitos”
y la rueda de Chicago!

 

Cerrito alegre del Carmen,
tu primavera, descalza,
es Carnaval de colores,
confeti de jacarandas.

 

Para cantar, el Cerrito
echa a volar su campana
y su música rosada
pinta un celaje en la tarde.

 

¡Lindo cerrito del Carmen,
postal de luz y de grama;
zarabanda de palmeras
entre el viento y la fontana!

 

ACUÑA, Angelina. Fiesta de luciérnagas. Guatemala: Ministerio de Educación Pública, 1953. (Escritora guatemalteca)

 

Programa Barrio Querido
Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco

 

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