Atención, abrir en una nueva ventana. PDFImprimirE-mail

Barrio Querido
 

Orgullos del Cerrito: Juan Corz

Por Padre Bruno Renato Frison, Párroco del Cerrito

 

Ciudad de Guatemala, enero 2009/Juan Corz era de un pueblo llamado Jurián de la señoría de Génova. A principios del siglo XVII, cuando tenía unos 30 años, visitó en traje de peregrino los santos lugares de Jerusalén donde decidió entregar su vida al Señor viviendo como Ermitaño.


Al regresar de Tierra Santa, pasó por Ávila (España), la ciudad natal de Santa Teresa, quien había muerto poco tiempo antes de su visita. Al saber los carmelitas de Ávila, llamaron al peregrino y al oír de sus labios que no iba a las nuevas tierras para hacer fortuna sino más bien para vivir como Ermitaño le dieron como encargo que trajese la pequeña y preciosa imagen de Nuestra Señora del Carmen, la cual fue mandada a esculpir por Santa Teresa.

 

El peregrino aceptó el delicado encargo y al preguntar a los religiosos cuál sería el sitio donde debía depositar la sacra imagen, le respondieron: “Ella misma, la Virgen será la que determinará el sitio donde desea ser venerada”. Le recordaron también que la madre Teresa les había dicho que allá donde fuera venerada esa imagen surgiría una gran ciudad.

 

El ermitaño a bordo de una nave llamada “María Fortaleza”, trajo consigo la bella imagen que, después de varias vicisitudes llegó a Guatemala. Se estableció en el valle de las Vacas y colocó la imagen entre unos peñascos.

 

En el lugar, se acomodó en dos cuevas. En una de ellas colocó la imagen y la llamó “el nicho de la Virgen” y la otra la utilizó como su habitación, viviendo en soledad y penitencia.


Juan Corz aceptó el encargo, y fue traído por caridad, haciendo la travesía desde España a nuestras costas del norte en la Nave María Fortaleza, trayendo consigo a la Virgen.


Juan Corz se internó en tierras de Guatemala llegando al valle y fijó su casa a orillas del rio en el valle de las Vacas entre unos peñascos, en un lugar que se llamó "EL NICHO DE LA VIRGEN" y colocó la imagen en una cueva, él ocupó otra próxima, donde hacía vida eremítica y penitente.

 

Lamentablemente, un incendio abrasó todo, pero gracias a Dios fue construida una nueva iglesia para el año 1620, según el dato colocado sobre la puerta de la sacristía. Tenía poco más de 40 años cuando Juan Corz vio cumplida su misión y realizado su sueño: dar a la Imagen de la Virgen del Carmen un lugar digno y definitivo por lo que empezó a dedicarse con mayor entrega al servicio del Señor.


Al enterarse el ermitaño de los piadosos deseos de los vecinos del lugar, accedió con gusto a hacer un lugar especial donde estuviera la virgen. En solemne procesión se trajo la imagen de la virgen desde la cueva a orillas del río de las vacas a una pequeña ermita muy pobre, que se construyó en el mismo sitio donde hoy se levanta la iglesia de la Parroquia Vieja o cruz del Milagro.

 

Juan Corz estaba fascinado por la espiritualidad de San Francisco de Asís, con quien sentía tener algo en común: el amor a la pobreza, a la humildad, a la sencillez y a las criaturas, por lo que desea ingresar en la Tercera Orden para vivir en plenitud los valores de la espiritualidad franciscana.

 

Con el transcurrir del tiempo, el deseo de ser franciscano fue aumentando, por lo que visitó a los frailes de la Ciudad de Santiago, en el convento de San Francisco, sede de la Curia provincial, en la que residía también el padre Comisario, encargado de los asuntos de la Tercera Orden Franciscana. El ermitaño hizo su petición y súplica; el padre Comisario se impresionó por verlo con las barbas crecidas y tan singulares. Le respondió abiertamente que no podía darle el hábito por la incompatibilidad existente entre la vida de éstos y de los eremitas, pues los terciarios vivían cerca del convento, se reunían a menudo, lo que no podía hacer un Ermitaño, que vivía apartado y solo.

 

La Ermita que Juan construyó fue seguramente diferente. Actualmente, posee una fuerza de atracción excepcional e impacta por su magnitud, por la sobriedad, la sencillez y la armonía de todo el conjunto arquitectónico. La primera e inmediata impresión es su aspecto de fortaleza con una coincidencia entre el barco “María Fortaleza”, el cual condujo al Nuevo Mundo a Juan Corz por lo que podría decirse que las líneas del barco fueron trasladadas al actual Cerro del Carmen.

 

Sin embargo, a partir de este momento no se supo más nada de Juan Corz. Desapareció de la Ermita, se fue definitivamente y nadie supo donde encontrarlo. Hoy en día se sabe que fue acusado por la Inquisición por el presbítero del Valle de Mixco, Juan Aguilar Suárez. Dicha denuncia fue presentada en Mazatenango el 1 de junio de 1620. El Comisario de esa dependencia era Antonio Prieto de Villegas, y a él le fue presentada la denuncia titulada “Juan Aguilar Suárez, beneficiario del Valle de Mixco, en Guatemala, contra Juan Corzo, extranjero que hizo una Ermita en un monte y publica milagros y otras cosas” en dicho documento se mencionan trece acusaciones que luego fueron reducidos a cuatro debido a que varias de ellas se repiten.

 

Todo el asunto parece haberse reducido a las dificultades que Juan Corz ponía a Juan Aguilar Suárez, para que el beneficiario del Valle de Mixco no dijera misas ni recogiera limosna en la Ermita. Concluidos los interrogatorios de ley, todo el expediente de la denuncia, declaraciones del acusado, testigos y un dictamen provisional del Comisario, fueron llevados al Tribunal México, a quien le correspondía instituir el proceso y dictaminar la sentencia o la libertad. Pero hasta ahora se ignora si el motivo de la desaparición definitiva de Corz se deba a que estuvo preso, ya que no hay documentos que comprueben esto, lo que si se sabe es que un juicio inquisitorial deshonra e infama a una persona y posiblemente fue propia decisión de Corz de abandonar la Ermita e irse a donde nadie lo conociera y supiera de él, dejando atrás para siempre la Santa Imagen de la Virgen del Carmen que tanto había cuidado.

 

Programa Barrio Querido
Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco
Lecturas: 3910