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Fuentes, Calles y Monumentos
 

Tomás Mur
Reseña escrita por Ramón Salazar

Revista La Ilustración del Pacífico, Guatemala, 1 de abril de 1898. Año II, Número

Primera Parte
 
Municipalidad de Guatemala
Inauguración en la Avenida las Américas, 1960.
Ciudad de Guatemala, mayo de 2008/
Destinado nuestro periódico a dar idea del movimiento literario y artístico que se realiza entre nosotros, nada nos parece más justo que consagrar algunas cuartillas a dar a conocer los trabajos de uno de los artistas más notables que han llegado a nuestro país, y que durante varios años ha sido uno de los mejores ornamentos de nuestra sociedad.

 

Verdad es que don Tomás Mur, persona a quien nos referimos, no necesita de nuestros elogios, pues ha grabado su nombre en los anales guatemaltecos con obras monumentales que harán perdurable su memoria entre nosotros. Verdad también que es arrogancia nuestra el juzgar los méritos del artista, que merece la crítica de un Madrazzo o de un Barlart, y no una pluma inexperta en materia de arte como la nuestra.

 

Que nos disculpe, sin embargo, en gracia a que deseamos corresponder a las deleitosas horas que hemos pasado en su Estudio, que en días bonacibles para la República fue centro en donde se reunía lo más selecto que hay en Guatemala, hoy que está próximo a alejarse de nosotros en demanda de nuevos horizontes en los que una civilización anterior ha dejado sus huellas, que Mur quiere estudiar para beber nuevas inspiraciones y dar forma tal vez a ideales grandiosos.

 

Allí rodeados de exquisitos especimenes de arte, sentados en blanda otomana y entre el humo del narghill o de un cigarro de la Vuelta Abajo nos hemos deleitado siguiente al maestro en sus concepciones, ora viéndolo modelar algunas de sus obras, sorprendiéndonos al verlo dar forma, vida y movimiento al barro inerte con mano habilidísima, o trasladando el lienzo la gama de los colores cuyos secretos posee

 

Municipalidad de Guatemala
Tomás Mur, nacido en España en 1855.
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De ese modo casi surgió a nuestra vista atónita su gran concepción artística del monumento a Colón, y así también vimos delinearse poco a poco hasta adquirir vida la venerable figura del obispo Marroquín, retrato que fue hecho por encargo de la Escuela de Derecho en cuya galería se exhibe como la obra más acabada de cuantas allí existen.

 

Así nos hemos dicho muchas veces, así debió ser el rostro de aquel grande hombre: apacible lleno de unción; así el capitán Crespo Suárez, cuya memoria también se ha querido perpetuar, y que  el pincel de Mur ha debido el retrato que forma pendant con el del obispo Marroquín en la colección que hemos mencionado.

 

Mur es poeta, pintor, escultor y arquitecto. Joven aún, pues nació en Zaragoza, España, el 20 de enero de 1855, posee un temperamento de verdadero artista. A veces lo subyuga y arrebata hasta llevarlo a las regiones de un ideal que no es de nuestros tiempos prosaicos en que el mercantilismo lo ha invadido todo, hasta el santuario del arte, ya que la gloria y el renombre figuran como factores secundarios aun para los espíritus privilegiados; pero el señor Mur nos ha parecido siempre una excepción.

 

Pasaron los tiempos del Renacimiento en que el artista trabajaba para la gloria. Esto depende quizá de que faltan Mecenas y protectores, como los Médicis y los Pontífices; pero también estímulos de otro orden.

 

El artista necesita el aplauso.

 

Para un verdadero artista vale más la ovación que el oro.

 

No os es fácil crear, sino halláis el coro que os cante y alabe.

 

 

Municipalidad de Guatemala
Monumento en el año 1896.

¿Qué inspiración puede caber en un artista, si atrás tiene quien le regatee el trabajo, y si en recompensa de él se le adelantan unas cuantas monedas en vez del aplauso?

 

Nosotros hemos oído hablar a Mur lleno de fervor, él no es la del guerrero que escribe su nombre con sangre de su semejante, ni que graba su historia en páginas de luto; aves siniestras que se complacen en la destrucción, tanto más grandes cuando más exterminadoras.

 

El artista por el contrario crea, da forma a concepciones ideales, o reproduce la naturaleza con todo su vigor, con toda su vida, y a expensas del consumo de su propia existencia la da nueva a las fantasías de su imaginación caldeada por la llama sagrada del arte, e impulsa a la humanidad por vías de paz y de progreso, en las que no influye poco par su misión civilizadora.

 

Ante el monumento del guerrero los rostros se vuelven sombríos. Ante el del artista radiosos y llenos de admiración

 
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