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Barrio Querido
 

Día de campo en el Guarda Viejo

Diario de Centro América, 1893. Por Puck

 
Municipalidad de Guatemala
Días de Campo en Villa Isabel.

Ciudad de Guatemala, octubre 2009/Satisfechos deben estar los jóvenes organizadores del “día de campo” de ayer: la realidad superó en mucho las esperanzas que respecto a él se habían forjado las bellas guatemaltecas que acudieron a la cita, y que, como en encantando certamen, fueron a disputarse la palma de triunfo, a los salones de la Estación del Ferrocarril, llevando por armas la gracia y la hermosura.

 

Y bien sabido es que las “adorables cabecitas” son siempre exageradas en eso de hacerse ilusiones. Ayer, sin embargo, esas ilusiones se quedaron atrás, lo que no es poco decir.

 

Los salones, corredores, cuartos y patios del edificio de la Estación, estaban verdaderamente transformados: los adornos, los cortinajes, los verdes follajes y las vistosas flores, habían convertido aquella en una encantada mansión, en que se reunían y armonizaban la suntuosidad del lujo con la magnífica exuberancia de nuestra flora tropical.



–“He aquí un “día de campo” que es un verdadero baile de etiqueta” –me decía ayer una bella amiga. Y así era la verdad, pues hasta en algunas “toilettes”, notábanse los caprichos que para tales casos tiene esa reina absoluta que se llama “moda”.

 

Pero basta de observaciones, que no van bien en mí, simple y desaliñado cronista.
Decía, pues, que la localidad estaba perfectamente arreglada.

 

A las diez y media de la mañana, arribaba al Guarda el tren especial, llevando a los invitados, afluyendo al propio tiempo a aquel lugar muchos carruajes, conduciendo también una parte bien considerable de la concurrencia.

 

A las once, una numerosa y bien combinada orquesta preludiaba las alegres cuadrillas con que, conforme al programa, se dio principio al baile, y a las dulces expansiones de la alegría. Momentos después, llegaban al señor General Reina, Presidente de la República, y su estimable señora.

 

A las doce y media fue servido el almuerzo que, aunque de paso, he de decir que estuvo como pocos, tanto por lo rico y excelente de las viandas, como por la prontitud y buen arreglo en el servicio.

 

A la hora del champagne, los jóvenes organizadores de la fiesta comisionaron al señor Lic. Don Salvador Falla para que, a nombre de ellos, hiciera uso de la palabra. El señor Falla correspondió a tal invitación, y en un corto brindis, externó algunos conceptos alusivos a la fiesta, y al brillante concurso que a ella asistía.

 

Concluido el almuerzo, la concurrencia recorrió (lo único, sea dicho en verdad, que la fiesta tuvo de campestre) las alamedas de espacioso jardín de la Estación, volviendo, poco después, a los salones de baile, donde fue reanudado éste, siguiendo con creciente entusiasmo hasta las seis y media de la tarde; hora en que el galante Director del Ferrocarril, Mr. Nanne, puso a disposición de los concurrentes el tren especial que debía traerlos a Guatemala.

 

Pocas fiestas tan concurridas y animadas recuerdan nuestra jeneusse dorée como la de ayer, y para dar una idea completa de ella, no resisto al deseo de consignar aquí los nombres de las señoras y señoritas que concurrieron; los cuales, a fuer de cronista, yo conservo en el cuadro iluminado de la memoria.

 

Señoras: de Reina Barrios, Concepción S. de Saravia, Laura M. de Aguirre, Margarita R. de Sinibaldi, Mercedes E. de Nanne, Isabel W. de Carrera, Joaquina B. de Jáuregui, Jesús O. de Goubaud, Edelmira M. de Trigueros, Concepción S. de Zirión, Mercedes S. de López, Carmen A. de Asturias, Teresa E. de Bien, Carolina R. de Labbé, Lola T. de Vásquez, Carlota S. de Nanne, Luisa S. de Montúfar, Mercedes A. de Márquez, Sinforosa M. de Nanne, María Q. de Viteri.

 

Señoritas: Elena y María Carrera W., Carlota y María Monteros R., Amelia y Victoria Solares, Luz Leonor y Amelia García Granados, Elisa y María Teresa Zirión, Marta y Pilar Ávila, Teresa, Elisa, Coralia y Sara Trigueros, Jesús Goubaud, Lola y María Aycinena, María Saravia, Adelaida Jáuregui, Amalia Nanne, María Castellanos, Anita de Arzú, Margarita Samayoa, María Márquez, María y Luisa Quintanal, María Labbé, Amalia Matheu, Elisa y Elena Vásquez Tinoco, Mlle. Moulens, María Muñoz S., Julia Asturias, Adela Sinibaldi.

 

El sexo fuerte estaba representado por la juventud elegante y alegre de esta capital, no escaseando los hombres serios y alguno que otro distinguido viajero de las vecinas repúblicas.

 

Dicho esto, ya nada tengo que agregar, sino elogiar la exquisita galantería de las señoras de Saravia, de Aguirre y de Sinibaldi, que hicieron los honores de la fiesta, y enviar un aplauso y una felicitación a los señores Tejada, Urruela y Springmülh, organizadores del día de campo. La juventud debe estarles agradecida.

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