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Fuentes, Calles y Monumentos
 
 

El General José María Reyna Barrios

Por Felipe Estrada Paniagua en “Libro de Premio 3”, Guatemala, 1895. p. 13-24.

Segunda Parte

 

Ciudad de Guatemala, enero 2010/Terminados los azares de la campaña de la Unión y posesionado de la Presidencia de la República el General Manuel L. Barrillas, el General Reina Barrios ingresó a la capital con el Ejército Unionista, satisfecho, sin duda, de haber cooperado con su política y acertadas disposiciones a la salvación de la Patria.

 

La Asamblea Nacional, que entonces se encontraba reunida, premió los importantes servicios del joven y valiente militar, con el grado de General de División. Poco tiempo después el General Barillas le nombró Subsecretario de Estado en el Despacho de la Guerra, puesto que dejó en octubre siguiente a consecuencia de una intriga palaciega; iban a verificarse las elecciones presidenciales; el General Barillas no quería dejar el poder, y, como el General Reina Barrios, por su prestigio y merecimientos, tenía las mayores posibilidades de obtener el triunfo en los comicios, era preciso expatriarle a todo trance.

 

Con este objeto se le nombró Cónsul de Guatemala en Berlín, y se cometió la felonía de retirarle las credenciales cuando ya el General Reina Barrios había abandonado las playas guatemaltecas.

 

Volvió al seno de la patria en 1887, y fue nombrado primer Vicepresidente del Congreso Nacional de ese año.

 

Después de los acontecimientos revolucionarios de Mataquescuintla (octubre de 1889), que dieron pretexto para encarcelársele, hasta que le Consejo Superior de Guerra decretó su absoluta libertad, en vista del exclarecimiento de los hechos y su comprobada inocencia, se expatrió voluntariamente, yéndose a residir en la Gran República del Norte.

 

Cuando estalló la guerra de 1890 encontrabáse el General Reina Barrios en San Francisco California; sabedor de la crítica situación porque atravesaba Guatemala, depuso en aras de la patria los justos resentimiento que abrigaba contra los gobernantes que habían tratado de humillarle, y dispuso fletar, por su propia cuenta, un vapor para volver en auxilio de su suelo nativo. Desgraciadamente para la honra nacional, cuando llegó él a la capital ya el Cuerpo Diplomático había entrado en negociaciones de paz y sus servicios no pudieron aprovecharse. Firmada la paz entre El Salvador y Guatemala y licenciada las tropas, el General Reina Barrios, que sólo había venido a poner su espada al servicio de la defensa de la Patria, regresó, el 4 de octubre de 1890, con dirección a los Estados Unidos de Norte América, en donde permaneció hasta el mes de diciembre del año siguiente en que, empeñada la lucha electoral para Presidente de la  República, volvió a Guatemala a instancias de sus numerosos partidarios y amigos.

 

Su ingreso en la capital fue una verdadera ovación. La inmensa mayoría de votos de sus conciudadanos, depositados en las urnas electorales, le elevaron al Mando Supremo de la Nación, del cual tomó posesión, en nombre de la ley, el 15 de marzo de 1892. Desde esta fecha no se ha cambiado por completo la faz de la República; la libertad es un hecho, la democracia impera y el progreso marcha a pasos de gigante.

 

Ha viajado por Alemania, Francia, España y Norte América, y habla y escribe los idiomas patrio, francés e inglés. Su vida es en extremo metódica y arreglada, y en cuanto a puntualidad, no le aventaja ni el más cumplido inglés.

 

Levántase a las seis de la mañana; monta a caballo de siete a siete y media para ir a cerciorarse por sí mismo del estado de los trabajos que ha emprendido hacia el Sur de la ciudad.

 

Los paseos campestres le encantan, y prefiere con frecuencia alejarse del bullicio de la ciudad para respirar mejor ambiente y deleitar la vista con las espléndidas obras de la Naturaleza. Hablando del campo dice: “aquí se respira salud; lástima que en Guatemala muy pocos gusten de estos paseos tan agradables”.

 

De las nueve y media a las diez a.m. vuelve a su casa, almuerza a las once, y media hora después monta en su elegante coche tirado por un tronco de soberbios caballos oscuros, para ir a Palacio a ocuparse en los asuntos de Gobierno.

 

De las 12 m. a la 1 p.m. recibe los partes oficiales de los Jefes de Cuerpos Militares, Director de la Policía, etc.

 

De la una a las tres p.m. da audiencia al público, y de las tres en adelante conferencia con su Secretarios de Estado.

 

Municipalidad de Guatemala

Vuelve a su casa a las cinco de la tarde, y come de cinco y media a las seis y media.

 

A las siete pasa a su despacho oficial para recibir los partes de los jefes militares que están en facción.

 

Los martes, miércoles, jueves y viernes de cada semana recibe de las siete y media a las nueve p.m. a sus amistades y a cuantas personas tienen deseo de visitarle; sin que nadie tenga la molestia de hacerse anunciar.

 

Por la noche, después que ha recibido a sus visitas, vuelve a su despacho, se impone de su correspondencia y él, personalmente, lee todos los periódicos que se editan en la República, sin dejar de imponerse ni del aviso más insignificante.

 

A las diez p.m. busca en el sueño reposo y descanso para poder continuar al día siguiente la tarea que se ha impuesto y cumplir religiosamente el compromiso que ha contraído con la Nación.

 

Acostumbra para diario, el uniforme de Artillería con una sencilla gorra a la Moltke, y sólo en algunos casos usa entorchados. En los grandes actos oficiales y fiestas de la Nación, viste de gala con pantalón de finísimo paño color perla, casaca negra o azul oscuro, magníficamente bordada de oro, bota corta de charol y elegante sombrero montado.



S. M. Doña María Cristina, Reyna Regente de España, en nombre de S. M. el Rey Constitucional Alfonso XIII, le ha concedido la Gran Cruz del Mérito Militar, como distintivo señalado para la recompensa de servicios especiales.

 

En resumen podemos decir, sin que haya exageración en nuestras palabras, que es buen gobernante, leal, amigo, excelente esposo, desinteresado patriota y bizarro militar.
“Vencer o morir” fue el lema que empleó en la guerra el General Justo Rufino Barrios; el del General José María Reyna Barrios, en medio de la envidiable paz de que gozamos, es: “Progresar y Vencer”.

 
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