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Fuentes, calles y monumentos
 

Ejemplos de la obra de Irisarri

 

Ciudad de Guatemala, mayo de 2010/

 

Letrilla

El perfecto patriotismo

Los tiempos pasados
eran cosa buena,
mas estos presentes
son malos de veras.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Todas las muchachas
con los mozos eran
hurañas, esquivas,
como hechas de piedra.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Santas eran todas,
juiciosas, discretas,
hasta las que hacían
vida callejera.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Eran las mujeres
tan castas y honestas
que aun siendo casadas
morían doncellas.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Los mancebos sólo
visitaban viejas,
y el día pasaban
rezando en la iglesia.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Y los que vendían
las carnes y yerbas,
ni un centavo más
cargaban a cuenta.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Y en los comerciantes
jamás hubo quiebras,
porque eran personas
de ciencia y conciencia.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Siempre buenos jueces
había en la audiencia,
porque ni un mal hombre
se daba en la tierra.
Esto me contaba
mi difunta abuela.

 

Pero por desdicha,
tantas cosas buenas
eran ya pasadas,
de olvidada fecha,
cuando las contaba
mi difunta abuela.

–Yo no sé –decía Juan
por qué motivo o razón
tienes empleo, Ramón,
y  a mí ninguno me dan
cuando soy de la facción.

 

¿Qué más pudiste hacer
que lo que yo hice? Charlar,
y mentir y calumniar,
de un polo a otro correr
y a todo el mundo engañar.

 

De este modo se logró
que triunfásemos al fin,
y  por eso Pelantrín
de presidente se vio,
merced a nuestro trajín.

 

Si yo trabajé
en la maldita elección,
¿por qué motivo, Ramón,
sin pitanza me quedé,
y medito en un rincón?

 

–Ya puedes tú conocer–
Ramón dijo a su parcial–
que el tesoro nacional
un costo debe tener
lo que en verdad es un mal.

 

Es imposible cumplir
con todos contra el rigor
de la escasez que da horror
en el tesoro; es decir,
que no puede ser mayor.

 

–Bien puede ser eso así–
el triste Juan contesto–
pero en verdad no sé yo
que eso me convenga a mi,
A Baco juro que no.

 

Si de balde trabajé
en la maldita elección
ireme a la oposición
y quizá me vengaré
en una revolución–,

 

Y así fue, sin más ni más,
como Juan echo a correr
al mismo bando que ayer
llamaba de Barrabás
y decía aborrecer.

 

Esto pasó en el Perú,
en México, El Salvador
en Chile y el Ecuador,
y doquier que Belcebú
hacer pudo su labor.

 

¿Qué tenemos qué extrañar
que Juan pareciese infiel
a su partido, cuando él
nada podía esperar
quedando firme en aquel?

 

¿Quién un partido siguió,
o dos partidos o tres,
dando continuos traspiés,
sino porque en esto halló
su personal interés?

 
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