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Fuentes, calles y monumentos
 

Discurso del Rector de la USAC

 
 
Ofrenda colocalda por ciclistas mexicanos.

Ciudad de Guatemala, octubre 2010/Agnosco veteris vestigia flama”/“Reconozco en mí las huellas de la antigua llama”. Nuestros padres occidentales, Virgilio y Dante, nos dan la mano y nos infunden amor para captar las glorias itálicas y las excelencias del espíritu latino, hoy, cuando frente al palacio del pueblo, en cabildo abierto y con las mejors esencias de la ciudad, se levanta una plaza cuyos símbolos vienen en gentil ofrenda del Lacio, de toda la tierra peninsular de Saturno, fecunda en mieses y fecunda en héroes: “Salve magna parens fragum, Saturnia tellus, magna virum…”

 

Te invoco padre Virgilio en la sencilla y bella oración de los campos: “Ven, lucero de la mañana y trae contigo la claridad bienhechora del día” para vestir de luz estas horas ciudadanas, que no quieren oír otra voz que no sea la de la tierra dorada de espigas sombreada de árboles piadosos, muestrario de la agricultura y de los fuertes brazos del labrador bendito por el trabajo. Ven agua lustral para regar de esperanza la tierra feraz. Venid mieles, flores y frutos para endulzar la vida ciudadana y para coronar viejos y nuevos monumentos con la gracia del color y la tentación del fruto deleitoso. El espíritu latino fue en un principio originario de la vida y de la belleza, sencillas y puras que surgen de los campos.

 

Este día al inaugurar una plaza que es del pueblo de Guatemala y nos recuerda el espíritu latino, he venido como devoto, desde adolescente, del tesoro grecolatino, a pedir fortaleza en las virtudes, justicia y paz, olvido de los ponzoñosos odios, fecundidad en los campos y energía en los brazos de los sembradores, orgullo legítimo de ser sencillo y sobrio ciudadano, amor para la naturaleza y para toda cosa bella, amor ydefensa del derecho, de la libertad y del progreso. Fidelidad, no sólo a la paz virgiliana, sino a la austeridad del gran moralista, latino e hispánico: Séneca, quien dijo “Vice con los hombres como Dios te mirase, habla con Dios como si los hombres te oyesen”.

 

Fidelidad a Cicerón en su elogio a la sabiduría, lo más deseable, excelente y digno para el hombre, a Catón por su culto a la paciente labor, a la moderación y a la justicia, al bien patrio como suprema invocación. Fidelidad, en fin, a la sonrisa latina, que nos permite estar en la mesa de los dioses, sonrisa de satisfacción, alegría, optimismo y esperanza y no sonrisa de escéptico, pesimista y sin esperanza. Hablo en nombre de la romanidad, para equilibrar ideal y realidad y hacer síntesis de lo grecorromano, vale decir hacer realidad romana la utopía republicana de Platón. La “praxis” dando vida a lo imaginado, realidad, frente a la superioridad teórica de lo griego.”

 

Y, repesando en Virgilio y en Landívar, fidelísimo a los manes de Italia y a la hermosa realidad patria, culmino diciendo:

 



 

 
 
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