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Fuentes, calles y monumentos
 

Isabel la Católica, forjadora de imperios

Por Xavier Montes para la Revista “El Niño”, Guatemala,    de 195?

 

Ciudad de Guatemala, enero 2011/Pocas mujeres en la historia habrán contribuido más a forjarla que la hija de Juan II de Castilla e Isabel de Portugal, conocida en todo el mundo con el nombre glorioso de Isabel la Católica. Cada día de su vida y cada hora de sus días fue pletórico de realizaciones trascendentales, aunque de todas ellas rememoramos tres que cambiaron realmente la faz del mundo.

 

Su casamiento con Fernando de Aragón, en 1469; la Conquista de Granada, en 1492; y el Descubrimiento de América, el mismo año. Gracias a aquel enlace, España, que había sido durante la Reconquista un mosaico de reinados, naciones y feudos, recobró la unidad perdida desde los tiempos de la Hispania romana.

 

Del conjunto abigarrado que era entonces las llamadas Españas, se destacaban sin embargo dos grandes concentraciones de poder: la Castilla de Isabel y la Confederación catalano-aragonesa de Fernando. Al unirse en matrimonio los dos Reyes y al gobernar al país bajo el lema histórico de: “Tanto monta, monta tanto, Isabel como Fernando”, establecido por la “Concordia de Segovia” en 1475, se creó en realidad el primer Estado unificado de la historia moderna.

 

Con el rescate de Granada en 1492 y la huida melancólica del último príncipe musulmán de tierras españolas, Isabel completó la unidad geográfica del país y puso ya las primeras piedras para su gran empresa en África del Norte. Por una maravillosa coincidencia del destino, fue ante las puertas mismas de la sitiada Granada que Isabel recibió a Cristóbal Colón y le otorgó con largueza su apoyo para la empresa conquistadora que más tarde hizo de las Españas el Imperio donde no se ponía el sol… Isabel, a no dudarlo, fue la más grande las Reinas de España y una de las primeras de la historia, por sus virtudes, su talento, su prudencia y su energía.

 

Fue Isabel quien cimentara la unidad de su patria dispersa y la que dio luego a esa estructura geográfica la unidad política y la unidad religiosa. Aquella que en América une a sus pueblos históricamente y hace de ellos una comunidad de naciones hispánicas, debe a Isabel su vigencia.

 
 
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