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Fuentes, calles y monumentos

Discurso de la develación del busto de Francisco Morazán

Diario El Gráfico, 6 de octubre de 1983, p. 29.

Primera Parte

En la foto: la escritora Argentina Díaz Lozano, Marta E. de Mazariegos, coronel Pablo Nuila Hub, licenciada Magda Argentina Erazo Galo, presidenta de la Asocición de Prensa, periodista Nelson Fernández, señora Zonia Canales de Mendieta, embajadora de Honduras, José Massís, gobernador departamental y periodista Marta Lidia Reynaud.

Ciudad de Guatemala, mayo 2011/En mi función de Agregada Cultural y de Prensa de la Embajada de Honduras en Guatemala y a petición de la Asociación de Damas Hondureñas, me corresponde el honor de dirigirme a ustedes en el este homenaje que rendimos a nuestro ilustre Patricio, el general Francisco Morazán, en su 191 aniversario de su nacimiento. Honor verdaderamente grande éste, que resalta la humildad de mi palabra hacia el paladín del ideal centroamericano.

 

Nacido el 3 de octubre de 1792, en la Real Villa de San Miguel de Tegucigalpa, en ese “ambiente pleno de luz y de verdor, teniendo delante escabrosos precipicios y empinados montes, y en un sedante clima, es donde se desenvuelve y forma el carácter de Morazán, donde adquiere esa jovialidad irresistible que le distingue, aunada a una gran entereza de ánimo, su austera y vertical rectitud que hicieron de él un hombre superior, amado y seguido de sus amigos, terriblemente odiado de sus adversarios, pero siempre respetado”, como señala el doctor Ángel Zúñiga Huete en su estudio de gran estratega.

 

Su genio militar le coronó de laureles en los campos de “La Trinidad”, de Gualcho, de San Miguelito, de Las Charcas, de El Espíritu Santo, de San Pedro Perulapán…

 

Nacido en modesta y honorable cuna, en el amoroso hogar de don Eusebio Morazán y doña Guadalupe de Quezada, el general Francisco Morazán, por esfuerzo propio e impulsado por su devoción al saber, en tiempos en que aún no existía la escuela pública, llegó a ser en el campo de las letras el escritor que se reconoce en sus “Memorias” en su “Testamento”, que muestra la grandeza y el temple de su espíritu, que ascendió a la gloria eterna el 15 de septiembre de 1842.

 

De ese espartano temple que sacude las entrañas cuando evocamos aquella memorable ocasión del 16 de septiembre de 1839, en que a la amenaza de segar la vida de su esposa doña María Josefina Lastiri y de su hija Adela, entonces en prisión, respondiera: “Los rehenes que mis enemigos tienen en su poder son para mi sagrados y hablan vehementemente a mi corazón. Soy el jefe de Estado y mi deber es atacar; pasaré sobre los cadáveres de mi familia, haré escarnecer a mis enemigos y no sobreviviré un solo instante a tan escandaloso atentado…”

 

Grandeza, temple, heroicidad, sacrificio, que se admiran en su célebre “Manifiesto”, fechado en David, el 16 de julio de 1841, en su espontáneo destierro que lo llevará a la América del Sur, y del que volviese cuando Centro América se veía amenazada de un poder extraño.

 

La periodista Maria Antonieta Somoza.

Nos unimos al escritor hondureño don Salvador Turcios cuando en su obra “Conociendo la historia Patria”, publicada en 1942, expresa: “El alma de la victoria portentosa de “La Trinidad”, estuvo encarnada en el genio guerreo de aquel improvisado general que representa la conciencia de un pueblo altivo e indomeñable, que aspiraba al reinado de la libertad contra las ideas estrechas y absolutistas de la colonia. De allí que la figura del general Morazán sea el símbolo más brillante del patriotismo, del ideal de unificación del istmo por el cual llegó hasta el sacrificio de su vida, pues bien comprendía aquel paladín predestinado a la inmortalidad que Centro América no será digna de su independencia, mientras no se reconstruya su antigua nacionalidad.

 

Veintiocho años tenía el joven Morazán al proclamarse la independencia de Centro América y fue entonces cuando el “hábil plumista”, como le llamaba Marure, dejó el escritorio de don León Vásquez para consagrarse enteramente al servicio de la Patria (S.T.R.), a la lucha libertaria, al afianzamiento de la independencia centroamericana a la causa de la Unión”.
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