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Fuentes, calles y monumentos

La Paz en Guatemala

Por Frieda Liliana Morales Barco

Ciudad de Guatemala, julio 2011

En todos los idiomas “paz” es una palabra suprema y sagrada, expresa el deseo de un reino de paz y justicia; la paz y la justicia que estamos acá para reclamar y testimoniar.

Ernesto Sábato, escritor argentino

 

 

Cambio de la rosa por escolares.

Vivir dentro de una cultura de paz es tarea de todos y todas. Esta tarea la comenzamos a llevar a cabo a partir del 29 de diciembre de 1996, cuando se reunieron en el Palacio Nacional de las Culturas la Comisión de Paz –COPAZ–, encabezada por el licenciado Álvaro Arzú Irigoyen, Presidente de la República, quien priorizó durante sus mandato las negociaciones por el proceso de paz duradera; la Comandancia de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca –URNG–; así como miembros de Derechos Humanos y de las Naciones Unidas para decretar mediante la firma del “Acuerdo de paz firme y duradera”, entre las partes involucradas, el fin al conflicto armado interno, que ya duraba treinta y seis años y que había dejado un saldo de más de 250 000 guatemaltecos entre muertos y desaparecidos.

 

Consecuentemente, en esa fecha, el Secretario General de naciones Unidas, con la aprobación de la Asamblea General estableció la Misión de Verificación de Naciones Unidas en Guatemala –MINUGUA–, junto a ella se instaló también la Misión de Verificación de los Derechos Humanos sobre el marco del Acuerdo Global sobre Derechos Humanos.

 

Entre las funciones que la Misión debió ejercer en el país estuvieron: la inserción de los integrantes de la URNG a la vida política; el cese al fuego; las reformas constitucionales y del régimen electoral; cronograma de la implementación, cumplimiento y verificación de los acuerdos de paz. En ese sentido, cabe destacar que la Misión, también, tuvo como objetivo principal reforzar la certeza al cumplimiento de los acuerdos firmados y fortalecer la confianza en la consolidación de la paz a través de especialista y consultores internacionales y nacionales. De este trabajo resultaron los informes de desarrollo así como las recomendaciones correspondientes tanto al Gobierno de Guatemala como a la Asamblea de la Sociedad Civil para la construcción de un Estado de Derecho.

 

El Acuerdo firmado consta de doce documentos, los cuales fueron el resultado de un largo proceso de negociación que comenzó a gestarse formalmente en 1990, cuando se firma el “Acuerdo de Oslo”. En él, las partes acordaron iniciar un proceso serio que debería culminar con el logro de la paz negativa, o sea la ausencia de guerra, y el perfeccionamiento de la democracia funcional y participativa en Guatemala.

 

En su conjunto, todos ellos, tal y como lo define el Acuerdo suscrito en esa fecha, conforman un solo cuerpo, una agenda integral orientada a superar las causas de enfrentamiento armado y sentar las bases de un nuevo desarrollo que propicie el principio de una nueva era sociopolítica y económica para el país y las y los guatemaltecos. Asimismo se destacó que en ellos se expresaban consensos de carácter nacional que debían remitir a los multiétnico (maya, xinca, garífuna y ladino); plurilingüe (22 idiomas del tronco maya, xinca, garífuna y español); y multicultural que caracteriza al país, así como a su ratificación por parte de la Asamblea de la Sociedad Civil.

 

Para que su cumplimiento fuera efectivo se crearon nuevos espacios para la construcción una paz positiva. Es decir, se sentaron las bases para comenzar a implementar las condiciones que pudieran permitir a la sociedad gozar de un clima democrático, que además implicaría que el Estado respetaría los Derechos Humanos de sus habitantes y generaría condiciones para que los mismos gozaran de libertad, salud, educación, seguridad, desarrollo, justicia y paz.

 

Y, como lo expresó MINUGUA en su momento histórico, “estos son acuerdos de las y los guatemaltecos y, en tal sentido, proclaman que la tarea de preservar y consolidar la paz debe unir los esfuerzos de todos para que podamos desarrollarnos dentro de un ambiente de Democracia”.

 

Dra. en Letras Frieda Liliana Morales Barco
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